Alimentación complementaria, ¿cantidad o la calidad?

Hubo una época y existen aún vestigios en que lo importante era la cantidad. El bebé era un pollo y la papilla un pienso de engorde. No se contemplaba la autoregulación, cada tanto un bibi de tanto, y cada tanto más una papilla de tanto. Con tanto tanto nos olvidamos del qué y el cómo. Vivimos en una sociedad de consumo donde lo habitual es sufrir enfermedades por exceso, es hora que se hable de la calidad y no tanto de la cantidad.

Hay una etapa crucial en los bebés, es cuando empiezan su alimentación complementaria. Transitan de la leche y la succión hacia la masticación y el alimento sólido. ¿Quién no ha bregado con los percentiles de peso por ver a su hijo o hija en un percentil óptimo?

Desde la concepción, pasando por el embarazo y hasta el posparto nos suplementan. Podríamos decir que nunca antes habíamos tenido tanto acceso a tanta y tan variada alimentación, pero en cambio nos encontramos en lo opuesto, la sociedad del déficit que requiere de suplementos. Vemos la abundancia fuera y la carencia dentro, nos dicen que nuestra fisiología es deficitaria, y es por eso que nos debemos suplementar. En el embarazo con ácido fólico, vitamina B12, hierro, calcio, yodo, etc. Los bebés al nacer requieren de vitamina K y después vitamina D. ¿La naturaleza y su entorno no previó esto?

Pienso que nos inculcan el miedo a la carencia, así luego la industria alimentaria nos ofrece la santa tranquilidad con el producto enriquecido. Cereales ricos en vitaminas, leches ricas en minerales, huevos ricos en omegas y palitos con fibra añadida. Es habitual que muchas mamás que den el pecho a sus criaturas, duden al principio si tienen leche suficiente, o si su leche está alimentando correctamente a su criatura. Con tanta carencia de por medio, no podría ser de otra manera!

La alimentación inicial se rige por un instinto natural de supervivencia. El bebé succiona y es capaz de regular en parte, la cantidad y composición de la leche materna. Decide si quiere una orchata o un yogur griego, según su necesidad y crecimiento. Se autoregula y deja de comer porque se siente saciado. Cuando se inicia la alimentación complementaria se debería preservar esta premisa, dejar espacio a la propia autoregulación. Como dice el pediatra Carlos González, la responsabilidad de los padres es decidir por alimentos sanos y la responsabilidad de la criatura es elegir la cantidad. La alimentación complementaria del primer año es un laboratorio, donde todo se convierte en un nuevo experimento. Sienten nuevos sabores, consistencias y texturas diferentes, desarrollan el tacto y la psicomotricidad fina, y algunos alimentos les entran por la vista. Por la tanto, en esta etapa se autoregulan porque se sientes saciados, y también porque se ven satisfechos en su experimentación. En la etapa del primer año la leche (sea materna o artificial) sigue siendo el alimento principal, el resto complementa.

El instinto también lo podemos condicionar, una pauta alimentaria unitaria y sistematizada, atiende más a las necesidades externas que no a las necesidades reales de la criatura. Alteramos la autoregulación potenciando el sabor con azúcares, sal o potenciadores del sabor. La industria alimentaria nos condiciona a nosotros, como padres y nos creemos que una buena opción es Mi primer Danone o un actimel KIDS. El envoltorio y la publicidad es un modo de condicionar. Cuando te dicen que el peso es lo importante y que un bebé sano es un bebé rechoncho, te las ves y te las deseas para hacer que coma lo que crees o lo que te han dicho que debe comer. Es entonces donde más fácilmente puede aparecer el recurso de la distracción, las abuelas nos hacían el avión y ahora nos hemos pasado al uso de pantallas. ¿Cuántos bebés comen con una pantalla delante?. Otro medio es el uso del castigo y el premio para condicionar la conducta alimentaria, error!

Mejor calidad a cantidad. Calidad es respectar el propio instinto de autoregulación, no influir en él. Calidad es optar por una alimentación ecológica y de proximidad, un alimento de temporada y maduro, rico en nutrientes y sabor, y con menos agropesticidas. Calidad es respetar la autonomía de la criatura, dejar que experimenten con las manos y la cuchara, que cojan trocitos y que poco a poco vayan comiendo solos. Calidad es rehuir de los alimentos procesados y reducir al máximo, papillas o potitos preparados, cereales, lácteos o zumos industriales. Calidad es evitar el consumo de azúcares y grasas de baja calidad y adecuar la cantidad de proteína. Calidad es evitar el plástico del envoltorio y de su conservación, mejor tapers de vidrio, fuera el teflón antiadherente de las sartenes. Calidad es tener un pequeño huerto en el balcón y fomentar el autoconsumo, educa, protege, preserva el medio y alimenta.