Aprendiz! más feliz que una perdiz!

Me gustaría compartir con vosotras cómo fue mi periodo de prácticas durante mis estudios de Naturopatía. Y cómo aquellas prácticas fueron cruciales para mi formación personal y profesional, y cómo marcó profundamente mi manera de percibir y de relacionarme con el usuario o el paciente. Unos años que los recuerdo con mucha ilusión y entusiasmo y que para mí es un placer compartir. Una época muy emocionante, me sentía aprendiz, y feliz cómo una perdiz!

En el 2002 empecé con pasión mis estudios en el graduado de Naturopatía, en el Instituto Superior de Medicinas Tradicionales, tenía por delante 4 años de formación en los que cursaría asignaturas del área de naturaopatía, criterio homeopático, conocimientos de medicina (anatomía, fisiología, semiología,…) y supuestamente haría prácticas en centros de salud que ofrecían el servicio de naturopatía. En aquel momento y actualmente el graduado de Naturopatía son considerados estudios no reglados y por tanto no oficiales. En cambio la actividad laboral sí que está aceptada y reglada para autónomos bajo el epígrafe 944, Servicios de Naturopatía, acupuntura y otros servicios parasanitarios.

El chasco que me llevé en mi formación de Naturopatía en aquella época, fue que no nos podían asegurar que hiciéramos nuestras prácticas. En aquel momento había naturópatas trabajando en consultas propias, pero era pocos, y mucho menos eran los centros que ofrecían servicios amplios de terapias naturales y tradicionales. En el programa se incluía las prácticas pero nuestro instituto no disponía de una bolsa de centros de terapias que nos pudieran asegurar y tutelar las prácticas. El centro de formación sustentaba una clínica de terapias naturales y sólo unos pocos alumnos podían acceder a hacer sus prácticas allí.

No me quedó otra que ser creativo y decidí crearme mi propia formación, ya que no me la podía asegurar mi centro de formación. En las mañanas trabajaba en un bar familiar, un pequeño bar de barrio que me ocupa hasta el mediodía. Las tardes las tenía para mí, para dedicarle a mi formación y al plan personal que me creé para realizar mis prácticas. No concebía una formación donde la base es la relación con el paciente, sin tener experiencia y práctica real con personas.

Lo importante fue la actitud, ya que me permitió trazar un plan. Mi programa personal de prácticas quedó repartido a través de mis dos últimos años de formación y estaba compuesto por 6 experiencias, que quiero compartir.

  1. El bar como experiencia de vida y de escucha. Un factor importante en la consulta es la escucha activa e interesarte genuinamente por la persona. En nuestro bar venían al día cientos de personas, era un laboratorio perfecto para practicar la escucha, mostrar confianza y ponerte al servicio del otro. En el submundo del bar había también sufrimiento que llevaba a las personas a persuadirse con conversaciones y relaciones vacías, el juego recreativo o el alcohol. Cambiar mi forma de estar en el bar para exprimir la experiencia de relacionarme y aprender del trato con los clientes, fue una universidad inmensa!
  • Voluntario en el programa de Bibliosalut. En el hospital General de Granollers había un servicio gratuito de biblioteca itinerante. Me pareció muy interesante estar en un hospital, ver por dentro parte de su funcionamiento y estar algo más cerca de los pacientes. Nos distribuíamos por plantas y con un carrito lleno de libros entrabas tímidamente a las habitaciones y pedías permiso. Les ofrecía a los pacientes del hospital un libro o les cambiabas el que ya habían leído. La excusa era el libro, al final acababas teniendo una grata conversación con aquella persona que lo necesitaba. Fue duro, ver pacientes diabéticos que cada tanto les amputaban un dedo del pie, y que no querían saber  nada de libros o revistas porque estaban aturdidos por el dolor y la medicación, y como a veces la palabra podía ser un bálsamo y distraer el dolor. Destacaría a un chico Senegalés sin papales, diagnosticado y tratado de cáncer de estómago, y que las enfermeras me permitieron hacerle un masaje de reflexología podal, fue mi primera incursión en el sistema. En el Hospital conseguí mi primera camilla, reutilizando una que desechaban. Llevaba una bata blanca, y me sentía importante, uno más del hospital.
  • Voluntario en prácticas en el Centre Spott, un centro de la diputación de Barcelona dedicado a la prevención e intervención en drogodependencias. Este centro tenía un convenio con nuestro instituto de formación, y ofrecía a los alumnos la posibilidad de hacer prácticas de Reflexología podal, flores de Bach y Osteopatía. Venían personas con problemas derivados de su consumo de drogas, y el centro Spott añadía a su cartera de servicios estas terapias para modular la ansiedad y otras dolencias. En una tarde hacías 5 o 6 masajes de reflexología. Previamente preguntaba a la persona sobre su estado y molestias y era lo más parecido a trabajar en una consulta. El servicio era gratuito para los usuarios y nosotros éramos voluntarios, y me gustaría remarcar que  el reconocimiento y la gratitud que recibíamos de aquellas personas pagaba con creces nuestro trabajo.
  • Prácticas en la Clínica ISMET, nuestro Instituto de formación disponía de su propia clínica, que aceptaba a unos pocos alumnos y alumnas interesados en prácticas. Estuve en consulta con un terapeuta floral. El profesional era de la vieja escuela y no fueron unas prácticas participativas, fui un simple observador. Estaba en una esquina de la consulta sentado en un taburete pequeño, escondido detrás de una libreta tomando notas. Allí conocí a Sara, una joven paciente que se trataba en aquel momento con flores de Bach y que el azar haría que nos encontráramos en un futuro en un mismo equipo de profesionales, y emprendiéramos juntos nuestro proyecto profesional, una cooperativa de Salud Integrativa.
  • Amigos y conocidos como conejillos de indias. En el hospital conseguí una camilla que puse en una habitación, que había decorado y habilitado en mi piso. Mis amigos no sabían que aquello era una tela de araña preparada para que cayeran en mis manos. Traté de forma voluntaria a amigos y conocidos, les hacía reflexología podal, les ponía música, aceites esenciales y les pasaba un programa de salud. No sé si les ayudé mucho en sus dolencias, pero creo que todos sobrevivieron a mis manos y a mis remedios.
  • Durante dos años que estudié en el Instituto de Naturopatía, trabajaba de una hora muy temprana hasta las 11:30 en el bar, y luego me iba a una escuela a trabajar de monitor de comedor. Conviví durante cinco días a la semana y durante dos años con el mismo grupo, y los acompañé P5 a primaria. En mi formación me enseñaba como la práctica naturista estaba basada en confiar en los propios recursos adaptativos, en los que ofrecía el entorno natural y cómo fomentar aquellos hábitos para preservar y promocionar la salud. Era crucial empezar a cuidar la salud desde la ‘cuna’ y la mejor prevención se lograría cuidando y educando en la infancia. Trabajando en ese comedor y conviviendo con mis niños/as tuve claro que dirigiría mi práctica profesional a la salud infantil y a la educación de la salud.

Todas aquellas experiencias fueron cruciales para mi formación como terapeuta, una gran motivación en mi camino  y una fuente inmensa de satisfacción. Lorena mackenney me acompañó en muchos de mis masajes de reflexología