Mi residencia

Cuando era estudiante de Naturopatía mes fascinaba la importancia que le daba esta disciplina, el encontrar el origen del desorden y lo que sensibilizaba y predisponía a la persona a enfermar. La Naturopatía cree en la prevención entendida como cura, en preservar los recursos propios y en la capacidad innata del cuerpo en sostener el equilibrio interno y el mantenimiento vital. Al acabar mis estudios creía que la madre del cordero estaba en preservar esta capacidad innata y en el sistema ecológico de nuestras criaturas, en sus etapas iniciales, la crianza y la salud de los primeros años.

Igual que los médicos dan comienzo a su carrera con una residencia de varios años para completar su formación y especializarse, al acabar mi graduado de naturopatía inicié mi propia etapa de residencia informal. En mis dos últimos años de formación, las mañanas las ocupaba en el bar familiar y los mediodías me desplazaba a una escuela de primaria para ejercer de monitor de comedor. En aquella escuela me ocupé durante dos cursos del mismo grupo de niños y niñas, con los que construí un vínculo. Aquella experiencia fue decisiva para enfocar mi práctica profesional e iniciaría a partir de aquel momento, lo que sería parte de mi formación y la residencia propia en salud natural infanto-juvenil.

Un profesor mío, trabajaba en un centro de salud y se había especializado en bebés e infancia desde la óptica y las herramientas que ofrece la naturopatía y la homeopatía. El centro era una cooperativa especializada y referenciada en la asistencia del parto en casa y en el acompañamiento a la maternidad y paternidad de forma respetuosa. En la cooperativa habían varios profesionales del ámbito de la salud natural, entre ellos estaba este profesor. Tomé una cita con él para plantearle mi interés en especializarme en salud infantil y si existía la posibilidad de hacer prácticas en su consulta. Me dijo que sí, pero me puso un requisito,…debía encontrar una pediatra que me ofreciera a su vez un espacio de observación, experiencia y prácticas, tarea que no era fácil! En esa cooperativa también aprendí del equipo de comadronas y de las visitas al domicilio que realizábamos a las bebés y sus familias, después del parto.

El bar donde trabajaba estaba al lado de un Centro de Atención Primaria. Médicos, enfermeras y administrativos venían a nuestro bar a tomar el café y desayunar. Un administrativo del CAP me concertó una cita con una pediatra que me dio audiencia, y le pude explicar que buscaba un lugar para hacer prácticas. Esta pediatra me remitió a otra compañera que tenía formación en homeopatía, y quizás me podía acoger en su consulta privada. Me dirigí a esa profesional y le expliqué la situación y tuvo un gran golpe de suerte!. Aquella pediatra depositó su confianza en mí y acepto que estuviera en su consulta del CAP. Era una incursión en el sistema público de salud, el coordinador del centro lo aceptó y me permitieron de forma informal observar y aprender del servicio de pediatría en la atención primaria. Siempre estaré enormemente agradecido a aquella enfermera y pediatra que me acogieron en su consulta, y por todo lo que me enseñaron y por lo mucho que me dieron. Agradezco también a todos aquellos usuarios y usuarias que se mostraron comprensivos y atentos con mi presencia.

De forma paralela me ofrecieron un lugar para hacer prácticas una tarde a la semana, en la consulta de un médico naturista de renombre. En mi casa tenía una entrevista de este médico, que le hizo la Contra de la Vanguardia. Me fascinaba la idea de conocer su trabajo y estar en su consulta. Disponía de un microscopio electrónico para analizar la microbiología de una muestra de sangre del paciente, lo que aportaba información valiosa del terreno orgánico de la persona.

Así empezó mi residencia, dos tardes a la semana en el  CAP junto con la pediatra y la enfermera. Allí aprendía los protocolos y las actuaciones habituales que se realizan en pediatría desde la atención primaria. Aprendí a realizar la exploración básica a lactantes y a niños/as, y a observar los signos de alerta a tener en cuenta. Otra tarde iba a la consulta de este médico naturista, y me encargaba de redactar la propuesta de salud nutricional y de suplementación que recomendaba el profesional. Otros dos días a la semana iba a la Cooperativa de Salud, y aprendía los protocolos de actuación en salud natural y homeopatía que mi profesor aplicaba. También asistía a los cursos de preparación a la maternidad y paternidad que impartía el centro, y que más tarde me encargaría yo de dos de sus sesiones, que después de 13 años sigo haciendo.

Fueron cuatro años de formación en Naturopatía con asignaturas específicas del área natural y sus técnicas, pero también obtuve clases de anatomía, fisiología o semiología. La formación se amplió a dos años más de seminarios que me formaron en homeopatía. Durante mis estudios hice mis propias prácticas, que me aproximaron al trato con el paciente en un contexto terapéutico. Y luego vino esta etapa de residencia que duró aproximadamente dos años, e irían forjando mi especialidad en salud infantil. Fue una etapa de aprendizaje, donde mi remuneración se establecía a través del intercambio, entusiasmo y la confianza. Fue la mejor inversión que pude realizar y se forjó parte de mi visión y misión como profesional.